Sunday, February 15, 2015
LAS TRES RAZONES POR LAS CUALES LOS CREYENTES CREEN (Parte 2 de 3) EL AMOR
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16)
Todos, no importa quien seas, no importa de donde procedas, no importa qué pienses, todos tenemos necesidad de amar y que nos amen.
Nos aman nuestros padres, pero ellos son mortales y algún día morirán, amamos a nuestros hijos, pero en la adolescencia ellos no nos aman o dicen no amarnos, amamos a una pareja, pero esta pareja nos abandona, se va con otro o parte, amamos a los amigos, pero nos distanciamos.
Los amigos pueden desaparecer, la persona que amas puede desaparecer.
¿Y si hubiera alquien que nunca se va y que te ame? ¿Y si hubiera alguien que no muriera y no te abandonara nunca y te amara con todo su corazón?
Dios te ama de esa manera, dice el creyente, es el consuelo de una inmensa necesidad de aferrarse al amor.
Y más aún, si alguien que amamos se muere, si amamos a Dios y lo obedecemos, la recompensa es volverlo a ver, Imagina abrazar otra vez a tu abuela, a tus tíos, jugar otra vez con tu perrito que escapó cuando eras niño, imagina recuperar a todos aquellos que alguna vez amaste y que nunca te dejaron de amar.
Ahora imagina que uno de ellos no se unirá contigo en el cielo porque no ama a Dios y está en peligro de perder esa vida eterna.
Ayer hablamos del miedo al infierno, hoy hablamos de la recompensa de la vida eterna, un amor que nunca se extingue y que permanecerá por la eternidad, y ésta es la promesa rota de Jesús.
Hermosa fantasía, pero no es real. Por más que quiera y desee convencerme que volveré a recuperar todo lo que he amado y he perdido esto no sucederá.
La primera lección que el ateo aprende; a aceptar la pérdida.
Y es ésta la lección que el creyente no puede aceptar y que teme, los creyentes no son capaces de aceptar la pérdida. Pensar en perder ese paraíso lleno de amor los llena de una profunda y existencial desolación; por eso piensan que la vida del ateo es vacía y es terrible.
Cuando un creyente te dice: "Que tristeza que pienses así" está siendo profundamente sincero.
Para el creyente, la ciencia y la razón son fríos, implacables, indiferentes, carentes de compasión y de amor. ¿Tu ciencia te abraza cuando te sientes solo? ¿Tu ciencia te besa cuando llegas a casa? ¿Entonces qué consigues al alejarte del eterno amor de Dios?
Es por esto que abogo por compasión y comprensión. El amor viene de nosotros mismos, soy capaz de dar amor y soy capaz de apreciarlo cuando lo recibo, el amor en mi vida es más directo, de mi familia, de mi pareja, de mis amigos. Ese amor no es permanente, sino fugaz, y eso lo hace mucho más preciado y valioso.
Mi madrina era profundamente católica y todos los días rezaba. Ella no era tonta y pronto se dio cuenta que yo tenía esa curiosidad que me haría alejarme de Dios, pero nunca, nunca me regañó, siempre me amó y me respetó, todos los días rezaba por mí. Y cuando murió, me quedé con tantas ganas de volverla a ver y abrazar y decirle cuanto significó para mí, cuánto su inmenso amor me alegraba la vida.
Saber que nunca lo podré hacer no me pone triste, al contrario, hace que los momentos que pasé con ella sigan vivos en mi memoria y en mi corazón, es por eso que soy un hombre bueno, porque quiero ser el hombre que ella siempre quiso que yo fuera, no por ella, porque ya no está, sino porque quiero honrar ese inmenso amor que me tuvo.
El amor, cuando es de verdad, nunca se va. El amor está en tu corazón y en ningún otro lugar
Subscribe to:
Comments (Atom)